Aquella mañana Nimloth se levantó algo turbado, como si hubiese tenido una pesadilla, aquella carta le había dado un vuelco al corazón, parecía que el destino se había apiadado de su soledad y le había enviado a sus padres. Además la reciente llegada de Lorathiol también le había supuesto una alegría para él. Al fin y al cabo era la primera persona con la que se relacionaba abiertamente. Aunque aún no le quedaba claro si era un amigo para él o simplemente era el destino quien los hacía ayudarse y compartir periodos en su vida, sea como fuere, estaba allí y eso ya le era bastante. Con todo eso y más, Nimloth inició un nuevo día, pensando a quien contarle lo de sus padres. Por un lado estaba él y por el otro Nytz, había pasado más tiempo con el elfo que con la goblin pero aún así quedaba esa disyuntiva que le dejaría pensativo a lo largo de la mañana. A pesar de todo, se calzó su armadura y bajó a tomar algo para después irse a entrenar y meditar acerca del elegido para escuchar lo que ahora le ocurría.
Tras haber salido de la posada, se dirigió a la playa, allí comenzaría el entrenamiento, esta vez sería diferente, como solía hacer, sacó sus libros sobre los designios de la Luz y comenzó a meditar profundamente. Hacía mucho tiempo que no usaba sus cualidades lumínicas y tampoco sabía si estaba preparado para ello, pero le convenía más averiguarlo. Para ello, tomó los libros y sentándose en la arena de la playa, comenzó su intensa lectura mientras las olas mecían la arena de la playa. Al poco tiempo después, retomó la parte física de su entrenamiento, recogió sus espadas que descansaban en la arena de la playa y comenzó a dar estoques con ellas. Debía estar preparado para futuras misiones. Y así pasó el tiempo hasta el mediodía, más precisamente hasta la hora de la comida, en la que Nimloth se retiró a la marisquería a degustar algún plato que pudiera llenarle el estómago, eso sí, siempre comida de la máxima calidad posible. Odiaba malcomer. Tras una buena comida a base de verduras y un plato del mejor pescado de Muelle Pantoque, se retiró a la posada.
Allí se encontró con Lorathiol, y creyó que sería lo más oportuno contárselo a él, al fin y al cabo era igual que él en cierto sentido y quizás le comprendería mejor. Se acercó con la carta entre manos y le comentó lo que le había ocurrido y tras parlamentar un rato, Nimloth le invitó a ir con él para ver a sus padres como medida de seguridad para cualquier imprevisto. Lorathiol aceptó y ambos marcharon a prepararse, el viaje hacia la Cabeza de Oso, lugar donde le habían citado sus padres, sería unos instantes después.
Horas más tardes, Nimloth comenzó a preparar a su dracohalcón para emprender el vuelo hacia la Cabeza de Oso. Tenía todo listo, la silla, las riendas, y el dracohalcón manso. Era hora de reunirse con sus padres. Bajó desde el Alto Mando hacia donde Lorathiol se encontraba y juntos emprendieron el vuelo hacia Cabeza de Oso observando todo el paisaje de Azshara a su paso. El viaje fue relativamente rápido, aunque después les tocó buscar por las inmediaciones de la Cabeza de Oso, el lugar designado para el encuentro. Al poco tiempo de buscar, encontraron el lugar y Nimloth dirigió el vuelo aterrizando en aquella planicie.
Allí estaban ellos, eran sus padres. Nimloth dejó las riendas del dracohalcón atadas y se acercó a sus progenitores. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que los viera varios meses posteriores al estallido de la Segunda Guerra. Las cosas habían cambiado mucho para ellos. Ahora él era un Caballero de Sangre Sin’dorei y ellos unos magos diplomáticos Quel’dorei al servicio de su nación. Pero no todo había cambiado, sus padres seguían manteniendo las distancias pese al tiempo desaparecido. Quizás sería la presencia del otro elfo lo que les dejaba así, pero algo era algo. Mantuvieron una extraña charla sobre sus nuevas vidas mientras Lorathiol observaba desde la distancia la escena. Llegado un momento, Nimloth se acercó a abrazarlos mientras estos les esperaban con una gran sonrisa. De pronto, momentos antes de fundirse en el abrazo, los padres tornaron su rostro malvado y atacaron a Nimloth con su magia oscura, pero fue en vano, Nimloth supo reaccionar y repelió con fuerza el ataque de sus supuestos padres. Rápidamente, Lorathiol se lanzó contra la madre de Nimloth pero falló en su acometida. A lo que la madre le respondió con una bola de sombras. Nimloth enfurecido atacó a su padre acabando con la ilusión. Tras eso la madre atacó a su hijo sin éxito. Las cosas se habían torcido demasiado, Nimloth no sabía que pasaba pero aquello no era bueno. Estaba realmente confuso y enfurecido por aquello y comenzó a recordar los tiempos de su instrucción en Lordaeron, listo para combatir. Lorathiol rápidamente se lanzó a por la madre de Nimloth que en está ocasión vio su cuerpo aplastado por la maza haciendo que la ilusión se deshiciera, a los pocos segundos se escuchó una risa que a Nimloth le resultaba familiar. Era el nigromante con el que se enfrentó en la Aguja Brisaveloz. Le había encontrado… Era el momento de acabar con él. Un minuto más tarde apareció él y un nuevo combate comenzó. El brujo atacó a los dos Caballeros de Sangre obligándoles a retroceder. Lorathiol cargó con su maza contra el brujo pero este se hizo rápidamente a un lado. Tras eso Nimloth le hizo unos cortes semejantes a los de la otra vez en el pecho, el nigromante lanzó un conjuro contra Lorathiol acertándole y dejándole muy débil. Tras eso, Lorathiol usó la luz para aliviarse mientras Nimloth enfadado conjuró la Luz para golpear al Nigromante, el golpe le hizo retroceder y atacar a Nimloth. Mientras, Lorathiol tomó su martillo y se lanzó a golpear al nigromante con gran acierto haciendo que la sangre brotase de su boca. Realmente herido lanzó su último conjuro contra ambos elfos golpeándoles con virulencia. Lorathiol cayó al suelo derrumbado y Nimloth se lanzó contra él acabando con sus días de maldad. Por fin había terminado. Se había quitado esa espina del pasado.
Tras el combate, con las pocas fuerzas que le quedaba marchó cargando con Lorathiol hacia Muelle Pantoque y allí cada uno se fue a descansar sus heridas.
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