viernes, 3 de febrero de 2012

A Goblin despedido, Ogro contratado.

Pocos días después tras su llegada desde El Cruce, Nimloth se acercó al Alto Mando, pero Ganyx no estaba. Ese goblin siempre estaba ocupado o comiendo, era algo especial. En este caso no estaba por motivos laborales. Aunque lejos de darse la vuelta, tomó las riendas de su dracohalcón y salió a dar un paseo por la bahía. Cada vez dominaba mejor el control sobre el dracohalcón y pronto estaría listo para poder presentarse a las pruebas para obtener la licencia. Solo era cuestión de tiempo. Pero entre vuelo y vuelo, también sacaba tiempo para poder entrenar, solía irse a la playa y permanecer horas entrenando hasta la extenuación. Para él era importante estar al máximo para el combate, no podía permitirse flaquear.

Pero no solo estos pensamientos pasaban por su cabeza, el recuerdo de sus padre solía asaltarle la cabeza de vez en cuando, si esto ocurría, dejaba todo y se sentaba a meditar, como si buscase una señal de sus padres. Era la nostalgia de estar con los suyos lo que le llevaba a esto. Había perdido a su familia más cercana, pero eso no le impediría no continuar. Debía empezar a encontrar respuestas. O aquello acabaría por matarle. Necesitaba una señal, una prueba de que estaban bien o vivos, al menos. Les añoraba realmente.

No más lejos de sus pensamientos todavía le quedaba algo por hacer, hablar con Ganyx. Tras haberse dirigido por la mañana a hablar con él pero sin éxito, esta vez se acercó y lo encontró. Como de costumbre estaba comiendo, pronto se dio cuenta de que Nimloth estaba allí. Le preguntó que qué se le ofrecía y Nimloth respondió que venía a informarle de la misión. Tras charlar largo y tendido sobre la misión en lo que Ganyx dejó entrever que sabía todo lo ocurrido. Nimloth intentó que no se descubriera nada de lo ocurrido en la mina, pero él tenía un informe. Sería difícil convencerle de que no había pasado aquello de lo que él hablaba. Tras la intensa conversación en la que a Nimloth se le olvidó por completo decirle lo ocurrido con Zautso, cada uno se fue por su camino.

Nimloth bajó la calle hacia la posada cuando dentro de esta encontró algo. Al darse la vuelta, no había nada más y nada menos que a un Ogro. Nunca había visto a uno y aquello le sorprendía bastante. Comenzó a charlar con el ogro y averiguo su nombre, de dónde venía y otra sería de cosas que no vienen a cuento. Tras la extraña conversación, Nimloth le indicó el camino para llegar al Alto Mando y le dijo que Ganyx estaba ocupado. A las dos horas, Nimloth se encaminó hacia el Alto Mando para comunicarle al Teniente que había un nuevo recluta, el ogro. Por suerte, este se encontraba tras él y solo tuvo que llamarlo. El Ogro al oír la voz de Nimloth se acercó corriendo y se puso en disposición de comerse las hamburguesas de Ganyx, pero rápidamente pudo contenerlo con un par de palabras. Ganyx sin mirarlo apenas, le dijo que estaba contratado y volvió a su trabajo. Nimloth se marchó a descansar y dejó al Ogro campando a sus anchas por Muelle Pantoque, y se fue a la playa a entrenar para terminar de acostumbrarse a la doble empuñadura.

Horas más tarde, tras haber entrando un poco más vio a Nytz charlando con el Ogro, al parecer se lo había encontrado. Nytz, le enseñó sus nuevos inventos y ropajes a Nimloth, este le felicitó alegrado por las nuevas prendas y los tres se marcharon a la playa a probar las nuevas armas de Nytz, el lanzacohetes y su munición. Rápidamente, Nimloth se dispuso a combatir y sin más preámbulo lanzó su ofensiva contra ella. Tras un par de lances y una pequeña explosión, Uglu paró el combate poniéndose a charlar con Nytz sobre sus explosivos y sus inventos. Al poco de comenzar a charlar, Uglu se ofreció para ayudar a lo que Nimloth le declinó la oferta. Tras un rato, Nimloth recordó al oír unas palabras de Uglu que debía hablar con Ganyx sobre Zautso, se despidió del grupo y se fue al Alto Mando a hablar con Ganyx.

Al llegar allí lo encontró y comenzó a charlar con él sobre el comportamiento de Zautso, al poco rato llegaron Nytz y Uglu y se unieron a la conversación. Tras hablar durante un buen rato sobre las fechorías de Zautso, el sujeto apareció. Ganyx le llamó a sentarse con él y tras preguntarle un par de cosas y recibir respuestas un tanto rocambolescas le pegó un tiro en el hombro, aquello solo había hecho más que empezar. Nimloth llevó las manos a sus espadas y desenfundó tras oír las mentiras de ese zarrapastroso goblin. El resto hizo lo propio, pero el que al final se ocuparía de él era Uglu. El ogro lo cogió por el cuello y tras el Teniente despedirle lo lanzó fuera del Alto Mando de un puntapié. Los días de Zautso en el Batallón habían terminado. Con esto, Uglu cobró su sueldo y cada uno se marchó a hacer sus quehaceres.

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