Todo parecía ser el comienzo de un día tranquilo, Nimloth salía de la posada temprano con sus cosas, dispuesto a entrenarse durante toda la mañana. Debía estar preparado para cualquier imprevisto, y la mejor manera era esa. Partió muy temprano a entrenar en el lugar que Lorathiol le había enseñado. Estuvo largo tiempo entrenando allí, la tranquilidad del lugar le permitía concentrarse mucho más y estar más atento a sus movimientos. Durante gran parte del entrenamiento estuvo concentrado en su espada, debía entrenar sus movimientos con esta a fin de ser más contundente y certero en su uso. Arrastraba un poco el filo de esta en el suelo creando unas marcas alrededor suyas, parecían círculos. Comenzó pues a girar sobre si mismo dando estoques contra el aire. Con un gran temple continuó fríamente a cortar el viento. Mientras, sus pies bailaban de un circulo a otro, moviéndose de dentro hacia fuera, cambiando el sentido y cruzando los círculos. Aquella danza que su hoja dibujaba en el aire era un viejo ejercicio que solía practicar con su tío. Así entrenaba su destreza con la espada. Tras un buen rato haciendo este ejercicio hizo lo propio con el escudo, lo tomó y aprovechando los círculos del suelo, comenzó a moverse entre ellos bloqueando golpes desde todos los sitios. Incluso alguna que otra vez, se permitía el lujo de hacer fuerza con el escudo y lanzar algún golpe al aire. Y así una y otra vez durante la gran parte de la mañana.
Tras el entrenamiento, se refrescó un poco dándose un chapuzón el agua para quitarse el sudor de encima. La temperatura de aquellas agua era algo fría, le recordaban al viejo lago Lordamere. Tras esto último, marchó a donde tenía sus cosas y allí se sentó oteando el horizonte con la vista, a lo lejos podía verse la Isla de Quel’danas. Tomó unos libros de su morral y comenzó su lectura hasta ya bien entrada la tarde. La lectura era entretenida y le aportaba mucho más. Las filosofías sobre luz posteriores a la restauración de la Fuente del Sol eran magnificas, trataban las diferentes perspectivas sobre la actualidad de la Luz en la sociedad Sin’dorei. Realmente era interesante. Tras terminar su intensa lectura a media tarde, tomó sus cosas y volvió andando a Lunargenta. Allí le esperaría su primera misión.
Llegó a la Orden y como de costumbre, saludó a los guardias y se adentró en el edificio. Dentro, se encontró con Colin y Emeline, los dos iniciados que conoció el día anterior. Parecía que iba a ser una tarde tranquila, su charla con los iniciados era muy amena, se asemejaba una prospera conversación, hasta que por la escalinata, un Caballero de Sangre, que parecía un hombre de confianza de Bachi, se acercó a Nimloth. Debía dirigirse a la Isla Caminante del Sol en compañía de Lorathiol para reunirse con Therissa e inspeccionar la Academia Falthrien. Nimloth asintió y enseguida se pudo en marcha para buscar a Lorathiol, que, por suerte, se encontraba entrenando en los muñecos de prácticas de la Plaza del Errante. Se acercó a él y tras saludarle le dio las instrucciones. Y así se pusieron en camino hacia la Aguja del Sol donde se reunirían con Therissa.
El camino lo hicieron andando, como Lorathiol había acostumbrado a Nimloth, aunque este todavía no estaba muy aclimatado a ese largo paseo, esperaba que con el tiempo le fuese más fácil, para algo estaba entrenando. Tras caminar durante un buen rato, al fin llegaron a la puerta de la Aguja. Allí un guardia les indicó que pasaran adentro. Therissa les esperaba. Ascendieron por una rampa y allí se encontraron con Therissa, quien a lo largo del camino hacia la Academia, les explicó lo que había ocurrido allí tras el gran temblor. Tras el temblor, se produjeron fallas arcanas que liberaban espectros arcanos. Debían introducirse en la academia, averiguar si quedaba algún superviviente, encontrar el origen de la situación y acabar con el peligro que aquello suponía.
Ya en la Academia, pudieron observar que aquello era mucho más caótico de como Therissa se lo había contado, quizás se lo habría suavizado un poco. Los guardias intentaban mantener la situación con ayuda de algunos magísteres, había pocos supervivientes, pero estos se aferraban a la vida como podían. Enseguida emprendieron su camino hacia la primera estancia no segura de la Academia, allí un ser mágico les esperaba, que fue derrotado. Más adelante, en la misma estancia, se encontraban un superviviente agonizante y una aberración contra las leyes de la naturaleza. Este último parecía estar muerto. Nimloth sacó al superviviente de allí y lo llevó junto a unos guardias para que se encargaran de él, tras eso volvió junto con la avanzada en la que se encontraban Lorathiol, Therissa y los guardias que asegurarían las zonas. Cuando Nimloth llegó, ocurrió algo inesperado, una risa llenó estancia, el desdichado se levantó rápidamente, verdaderamente era repugnante, y tras decir unas palabras comenzó el combate. Lorathiol se lanzó con su espada, pero fue en vano, la aberración se movió rápidamente, como si unos hilos determinasen sus movimientos. Tras este extraño movimiento alzó su mano y comenzó a drenar las energías de Lorathiol, este no puedo hacer nada y sucumbió a drenado del enemigo. Nimloth empuño con fuerza su espada y se lanzó a golpear a la aberración, con éxito pudo cortar el drenado, pero con gran rapidez, el engendro le tomó por el cuello y comenzó a drenar sus energías, como había hecho con Lorathiol anteriormente. Nimloth sentía como se debilitaba. Mientras tanto, Lorathiol intentó auxiliar a su compañero intentando que el engendro le soltase, pero fue en vano, este le repelió usando la magia arcana. El engendro centró su mirada sobre Nimloth y comenzó a apretarle en cuello, le estaba asfixiando. Nimloth intentó zafarse en vano. Lorathiol se alzó rápidamente y golpeando al desdichado con su espada, consiguiendo liberar a su compañero. Tras esto, el desdichado le lanzó un proyectil arcano hacia él que le hizo retroceder. Nimloth retomando la distancia, cargó contra el desdichado clavándole la espada en el cuello provocando que este se destrozase por dentro, tras caer muerto el engendro, sacó su espada del cuello y se lo rebanó a fin de que no pudiese levantarse más.
Continuaron su ascenso por la academia, luchando y asegurando la siguiente zona, había otro superviviente, Therissa se lo llevó. Mientras, Lorathiol y Nimloth debían asegurar la zona. Los entes arcanos comenzaron a aparecer, y la batalla en aquella estancia había comenzado. Aseguraron la zona sin problemas, para cuando terminaron Therissa ya había vuelto y pudieron continuar el ascenso por una rampa. Cuando llegaron a la mitad de esta, unas runas se activaron en el suelo. Un crujido azotó la seguridad de los hombres, la rampa se estaba rompiendo, tras oír una explosión, los bloques de rocas comenzaron a caer al vacío. Therissa mantenía como podía la rampa. La roca donde Lorathiol se encontraba cedió y este quedo pendido del vacío. Nimloth rápidamente corrió a auxiliarle, no iba a permitir que muriese cayendo al vacío. Tiró de él y pudo salvarle de lo que habría supuesto una muerte segura. Tras eso, Therissa le ordenó que saliesen de la rampa lo más rápido posible o no se salvarían. Lorathiol y Nimloth salieron corriendo en su descenso por la rampa, un instante antes de que esta se desplomase, Nimloth miró hacia atrás un instante y vio a Therissa cediendo, la rampa comenzó a desplomarse al vacío y esta con ella. Había dado su vida por ellos.
En la primera instancia asegurada, donde se encontraban los guardias, Nimloth y Lorathiol hablaban sobre qué hacer, Therissa había dado su vida por ellos y no iban a dejar que eso fuese en balde. De pronto, lo que parecía ser el alma de Therissa, se les apareció y les instó a continuar. Debían salvar la Academia. Rápidamente, Nimloth y Lorathiol comenzaron su ascenso por la academia junto con los guardias, asegurando todas las zonas y poco a poco avanzando hacia lo alto de la Academia. Allí les aguardaba algo inesperado.
Al fin habían llegado a lo alto de la Academia, allí les aguardaban todas las respuestas a lo sucedido. Pero antes de dar paso a las respuestas, les esperaba una visión aterradora. Therissa estaba tumbada en el suelo rodeada de un gran charco de sangre. Nimloth la había visto ceder, pero la fuerza de las circunstancias no le dejó pensar. Junto a Therissa, un elfo de mirada fría, lo observaba todo sin mostrar ápice de humanidad. Tras esa escena, dio comienzo una conversación entre Nimloth, Lorathiol y el elfo misterioso, al parecer era un brujo que tenía una visión un tanto peculiar sobre la brujería, luchaba por una brujería mas permitida, lo que no entendía era que la brujería basa su poder en la magia vil y las sombras y que estas pueden descontrolarse causando el caos y la destrucción. Lorathiol, algo cansado de conversar de lanzó a darle un tajo al brujo. Este retrocedió golpeado mientras observaba la sangre de su torso rasgado. De pronto, alzó su mano contra Lorathiol y le lanzó una bola de fuego vil que quemó la armadura de Lorathiol provocando que está se introdujera en su cuerpo. Rápidamente, Nimloth corrió a ayudar a su compañero, pero el brujo contraatacó con más fuego vil provocando que Nimloth cayese al suelo e infectándole a él también de magia vil. Las cosas no podían terminar así, Nimloth se levantó y llegó a observar como Lorathiol tras haber golpeado al brujo de nuevo era cogido por el cuello por una mano ardiente en magia vil. Se armó de fuerza y recordando sus entrenamientos corrió contra el brujo y ensartándole con su espada provocó su muerte. Lo había matado. Pero no obstante, el brujo en su último aliento, alzó sus brazos y provocó que la estructura comenzase a desmoronarse. De repente, un magister llegó y les ayudó a escapar de allí. Lo habían logrado, pero al precio de una vida inocente. Aquella magister sería digna de recordar por su hazaña. O al menos eso esperaba Nimloth.
Tras salir que aquel lugar, pusieron rumbo a Lunargenta acompañados por el magister, a la altura de la Plaza Alalcón, tuvieron que detenerse, sus heridas no les permitieron seguir caminando y les llevaron a reposar en aquel lugar durante un buen rato. Después de haber descansado durante un rato, reemprendieron su marcha hacia la Orden. Allí debían informar a Bachi. Al llegar, un caballero les dijo que Bachi estaba ocupado. Así pues cada uno se fue a descansar a su posada, había sido un día largo para ambos.
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