viernes, 3 de febrero de 2012

Pájaros en la cabeza, una buena nueva y la esperanza de volver a verlos.

Como todos los días, Nimloth se encontraba entrenando en la playa. Las cosas habían cambiado un poco con respecto a los otros días, esta vez se había vendado los ojos y puesto un par de estacas alrededor de él. Era el momento de entrenar la destreza a ciegas. Tomó sus espadas y comenzó a agitarlas y a mover los brazos como acostumbraba a hacerlo para calentar. Poco a poco su cuerpo se preparaba para comenzar. Tomó con fuerza la empuñadura de sus espadas y con los ojos vendados comenzó a ondearlas en todas direcciones mientras giraba sobre sí mismo y el primero de los círculos de movimiento que había delimitado antes de llegar a las estacas. Era algo muy sencillo pero útil, le serviría para tener concepción del espacio que le rodea y fundirse con él aprovechando sus ventajas. En resumen, todo un avance. A los pocos minutos de comenzar ya giraba con bastante velocidad desplazándose entre las estacas y golpeándolas con fuerza, primero iba a una y luego a otra sin pararse, era realmente increíble. Se dejaba llevar por la inercia y propinaba golpes a diestro y siniestro. Al poco rato de estar girando, moviéndose por el círculo que él mismo había preparado, finalizó el entrenamiento y se marchó a volar con el dracohalcón.

Al poco rato, llegó al cuartel y desde allí alzó el vuelo para dar un paseo por las inmediaciones de Muelle Pantoque. El aire mecía su rubia melena al viento, se sentía libre como en otras ocasiones y aquello le gustaba, aunque de vez en cuando recordaba cual era su origen y que algún día le tocaría volver a Lunargenta. También, recordaba sus días de aprendizaje en Lordaeron con aquellos paladines. Días en los que se centraba tanto en su nueva creencia hacia la Luz, que perdía la noción del tiempo entre meditación y una puesta en práctica de su nueva condición que le conferían una felicidad interna que duramente sería aplastada. Continuó sus andanzas aéreas recordando todo su aprendizaje con Kelgan, aquel orco parecía diferente al resto, conocía a un Sin’dorei y no hablaba pestes de la raza como otros muchos. Pero eso ya era harina de otro costal. Un pequeño instante de recuerdos que hacía que su tiempo allí arriba pasase volando. Aún así, él seguía allí arriba oteando la ciudad con la vista cuando comenzó a descender un poco, no quería volar demasiado alto y ver las cosas al ras de la línea de altura de los edificios. Al poco tiempo de hacer esto, escuchó una voz que lo llamaba, era Uglu. El ogro le habría visto volar y fascinado por esto quiso acercarse a ver, Nimloth tomó rumbo hacia la playa y allí aterrizó. Unos minutos más tarde, el ogro llegaría. Uglu estaba impresionado con el animal sobre el cual Nimloth montaba, pero para él era algo normal. Vivía entre esas bestias aladas. Pero lejos de todo eso, el ogro quería saber lo que Nimloth hacía y tras una leve conversación en la que Uglu dijo de ir a aplastar Kaldoreis a lo cual Nimloth dijo que no porque resultaba muy peligroso, el ogro se marchó.

Nimloth volvió a alzar el vuelo y llevó al dracohalcón al Alto Mando donde descansaría hasta más tarde, las horas siguientes las pasaría en la taberna descansando mientras observaba toda la bahía desde el balcón de la posada. Aquella estampa le era algo peculiar, era un duro contraste entre el impacto medioambiental de Muelle Pantoque y la bahía de Azshara, aquel paisaje era demasiado extraño, claramente rompía con la imagen de la región pero a su vez le confería un raro sabor a aquel cuadro. Algo desencajaba allí.

Las horas pasaron y el sol comenzaba su descenso acercándose poco a poco al horizonte. Nimloth paseaba por la playa cuando algo salió del agua, la estampa del ogro con un olor a pútrido y algas era desoladora. Nimloth se tapó la nariz y comenzó a preguntarle a Uglu sobre su reciente aspecto y una herida que le recorría parte de la barriga. Pronto recordó que él todavía no estaba preparado para hacerlo, no podría aliviarle de su dolor, aunque el ogro insistía en que no le dolía. De repente, quizás con algo de oportunismo apareció Nytz, que sí debería preocuparse más por su ayudante, al fin y al cabo ella estaba a su cargo. Con la aparición de la goblin las cosas tornaron algo más de sentido, Nytz comenzó a reprenderle por sus heridas y ambos marcharon. En cambio, Nimloth se quedó a observar las olas, pronto sería momento de volver, pero no sabía cómo despedirse de sus nuevos conocidos. Con el poco paso del tiempo, Nimloth se levantó y con la mirada firme se dirigió al Alto Mando, por el camino se encontró con Nytz y le comentó sobre ir a Orgrimmar, la goblin aceptó y ambos marcharon a por sus medios de transporte aéreos. Al cabo de unos minutos, ambos estaban surcando el cielo en dirección a Orgrimmar. Nimloth se dirigió a ver a Kelgan para que viese sus progresos, pero no estaba. En cambio, Nytz se dirigió a la puerta de la ciudad.

Tras su intento fallido de ver al orco que le enseñó a volar, Nimloth partió a buscar a Nytz, para ello salió volando hacia el puerto y al ver que no estaba allí dirigió su rumbo hacia la puerta. Al poco tiempo divisó a la goblin hablando con alguien que a Nimloth le resultaba familiar. Era él. Lorathiol en persona estaba en Orgrimmar, Nimloth se alegró y bajó rápidamente a saludarle. Tras una breve conversación, Nimloth presentó a Lorathiol ante Nytz. Seguía siendo el mismo y tenía curiosidad por saber del destino de su compañero. Así pues Lorathiol embarcó en el último barco que iba a Muelle Pantoque y Nimloth salió volando cerca del barco.

Mantuvo el vuelo siempre junto al barco y al poco tiempo llegó a Muelle Pantoque. Allí descendió de su montura y esperó a Lorathiol. Cuando ambos estuvieron juntos, marcharon a la taberna, era ya de noche y Lorathiol debía instalarse. Nimloth le condujo a la posada y allí le dijo a la tabernera que guardase una habitación para él. Su estancia en Muelle Pantoque le había permitido conocer a gente nueva y la tabernera era una de ellas. Tras haber reservado la habitación de Lorathiol, Nimloth quiso enseñarle las extrañas vistas del balcón de la posada. Allí Nimloth charló durante un tiempo con él y tras un rato de charla, Nimloth se retiró a descansar. Lorathiol se quedaría un tiempo más.

Ya en su habitación, Nimloth se tumbó en la cama tras haberse preparado con sus prendas de dormir y esperó a que el cansancio se lo llevase a un sueño placentero. Pero no fue así, a las dos de la mañana la puerta de la habitación de Nimloth sonó. Se dirigió a abrirla y un Goblin con cara de sonámbulo le entregó una carta con el sello de su familia. Nimloth se sentó en la cama tras cerrar la puerta, y allí abrió y leyó la carta.

“Querido Hijo,

Sabemos que no has tenido noticias nuestras desde hacer mucho tiempo, pero nuestro trabajo nos ha tenido muy ocupados este tiempo. Las cosas han cambiado mucho, sabemos en qué te has convertido. También sabemos que no podemos ir así como así a verte y por eso ahora que estás en Muelle Pantoque nos gustaría reunirnos contigo en la Cabeza de Oso, cerca de la Academia de Xylem dentro de dos lunas al comienzo de la tarde. Es la única zona segura para ambos en estas tierras.

Te quieren

Tus padres.”

Eran ellos… ¿Sería el momento de reencontrarse con aquellos a los que no veía desde hace casi dos décadas? Nimloth cerró los ojos y cayó en un profundo sueño.

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