La semana siguiente fue muy tranquila para Nimloth, debía reposar de su exposición a la magia vil y descansar sus heridas, debía estar al cien por cien, no podía permitirse arriesgar su salud. La Orden en consideración, le dio unos días de reposo para sanar sus heridas y ponerse a punto para la vuelta. Nimloth no pensaba perder la rutina y decidió que durante ese tiempo trabajaría las zonas que no estaban dañadas, pero con una intensidad mucho menor. Todos los días salía a pasear hacia las islas que Lorathiol le había enseñado, era un buen lugar para meditar. De vez en cuando solía encontrarse con Lorathiol y charlaban de sus cosas, a Nimloth le caía bien, no tenía nada en su contra, no parecía engreído ni nada por el estilo. También solía acercarse a la Orden para visitar a sus compañeros y ver como andaba la situación, además de para informar a Bachi sobre lo ocurrido en la Academia Falthrien. Las cosas estaban tranquilas pero siempre había algo que hacer. Poco a poco las cosas fueron retomando la tranquilidad, pero aún había trabajo por hacer.
Días más tarde, Nimloth comenzó a ejercitarse ya con algo más de intensidad y acostumbrado a su ritmo habitual. Las heridas estaban casi sanadas y dentro de poco podría volver a su actividad en la orden. Tomaba sus armas y marchaba a la Plaza del Errante, allí comenzaba a golpear a muñeco entrenando su movilidad, su fuerza y su agilidad. Poco a poco el arma le pesaba menos y volvía a sentir como los estoques eran más precisos y fuertes, golpe tras golpe, usaba las técnicas y estrategias que antaño le enseñó su tío. Las cosas comenzaban a volver a tomar su color. A pesar de entrenar, tampoco descuidaba su lectura y pasaba los ratos libres tras los entrenamientos en la biblioteca, continuando con sus placidas lecturas sobre la filosofía de los nuevos tiempos, la luz, y las historias que se guardaban en aquellos libros. Aquello realmente le apasionaba, historias sobre Terrallende, Rasganorte, Kalimdor y los parajes del sur de los Reinos del Este. Aquellas zonas que todavía no había visto. Y las leyendas de su cultura, Quel’delar, La Espada Magna de los Sin’dorei entre otras. Todo aquello le causaba gran impresión y poco a poco seguía descubriendo cosas nuevas o profundizando en aquellas que ya conocía. Era fascinante, todo lo que en aquellos libros veía y leía. Poco a poco fue entablando amistad con los bibliotecarios que le recomendaban y guiaban en su búsqueda de lecturas. Así fue como Nimloth se hizo conocido entre los bibliotecarios.
Las cosas marchaban realmente bien, pocos días faltaban para reincorporarse al trabajo, cuando una tarde tras salir de la biblioteca, se dirigió a la Plaza del Errante. Allí se encontró con Lorathiol, estaba entrenando. Nimloth se paró y habló con él. Poco le quedaba a ambos para poder probar si estaban completamente listos para volver al trabajo. Como siempre estuvieron hablando sobre los entrenamientos y sus cosas, siempre intercambiando puntos de vista. Realmente a Nimloth le resultaba gratificante tener alguien con quien hablar de las cosas importantes de la vida. Tras la pequeña conversación, Nimloth se dirigió a la posada para comer algo. Tras pasar una agradable velada en la posada y descansar un poco la vista, se fue a entrenar a la Plaza del Errante, allí comenzó a golpear nuevamente al muñeco y recordando las historias leídas en la biblioteca, le entraron ganas de viajar por Azeroth y ver esos parajes, aunque a pesar de toda la ocupación que tenía a lo largo del día, extrañaba a sus padres. Siempre se preguntaba si estarían bien, dónde estarían y cómo les irían las cosas. Ellos seguían siendo Quel’dorei y él… había cambiado mucho desde la última vez que los vio. Quizás algún día las puertas de Lunargenta vuelvan a estar abiertas para los Quel’dorei. Pero son otros temas, en los que Nimloth ni pinchaba ni cortaba. Había que ponerse manos a la obra para preservar la ciudad por si algún día ese suceso ocurría.
Al día siguiente tras levantarse y prepararse, marchó a la Plaza del Errante, allí estuvo la gran parte del día, entrenando y viendo como avanzaba su forma física. Se estaba preparando concienzudamente para la vuelta a la Orden. Allí estaba él, entrenando y luchando contra el muñeco, cuando Lorathiol apareció. Se saludaron y hablaron sobre cómo se encontraban, ambos estaban casi listos para volver. Pero aun quedaba una cosa por hacer, combatir entre ellos. Lorathiol se lo comentó y Nimloth, lejos de no aceptarlo, asintió y asestó un último golpe al muñeco, estaba listo. Ambos se pusieron en posición de combate y comenzó el combate. Lorathiol se lanzó voraz contra Nimloth con su espada, Nimloth tuvo suerte y pudo parar el golpe con su escudo, tras cubrirse observó el costado de Lorathiol sin cubrir y lanzó un golpe contra este, que tuvo que retroceder por el golpe, Lorathiol lanzó su ofensiva y pudo hacer que Nimloth retrocediese. El combate estaba realmente igualado, Nimloth intentó lanzar un estoque contra Lorathiol, pero este lo cubrió. Tras eso lanzó una acometida contra Nimloth que tuvo que retroceder ante tal potencia. Nimloth se rearmó y lanzó una acometida al costado descubierto de Lorathiol, volvió a acertar. Había encontrado el punto débil de Lorathiol. Lorathiol lanzó una acometida contra Nimloth pero este la pudo cubrir con su escudo. Tras esto, Nimloth intentó finalizar el combate con otro golpe al costado, pero Lorathiol interpuso su espada y comenzó un duelo de fuerza. Lorathiol lanzó su mejor acometida desequilibrando a Nimloth y haciéndole caer arrodillado. Había vuelto a perder, pero esta vez había podido defenderse. Dentro de poco quizás le ganase. Pero debía entrenar mucho más. Tras hablar un poco, Nimloth se quedó entrenando mientras Lorathiol se fue a cenar a la Posada del Intercambio Real. Debía continuar para lograr vencerle alguna vez.
Los días pasaron, y se acercaba el momento de volver. Nimloth ya estaba preparado, así que tras pasar por la biblioteca como cada mañana, se marchó a la Orden a la caída de la tarde. Era el momento de volver. Llegó allí y observó a lo que parecía ser alguien importante dentro de la Orden, conversando con un Caballero de Sangre. Nimloth saludó como siempre, y se dirigió donde se encontraba Colin y Emeline. Y comenzó a hablar con ellos, al parecer le habían asignado al Alto Campeón Alaron. Minutos más tarde, el adepto pronunció un nombre, Alaron. Nimloth al oírlo se acercó a este y se presentó como su nuevo asignado. El alto campeón enseguida le atendió y le presentó al otro Caballero, tras esto le encomendó una misión. Debían ir los tres al Sagrario del Oeste, habían aparecido fallas arcanas allí y debían ayudar a los magísteres de la zona. Montaron en sus caballos y partieron hacia allí prestos. Al llegar se encontraron con las fallas. Eran más secuelas del Cataclismo. Rápidamente comenzaron a despejar la zona, matando las fallas en una cruenta batalla. Estas eran más fuertes que las de Academia. Pero pudieron con ellas. Tras controlar la zona, inspeccionaron los alrededores. Para sorpresa de Nimloth y su compañero en aquella patrulla encontraron un Kaldorei. Tras avistarlo, le dieron caza rápidamente en un cruento combate que resultó con la muerte del Kaldorei. A pesar de que se habían retirado hace años de allí, aún quedaba alguno desorientado, o quizás no. ¿Quién sabe? Tras matarlo, Nimloth y el compañero informaron al Alto Campeón. Y este les ordenó que se deshicieran del muerto en extrañas circunstancias. Para ello Nimloth y su compañero, pidieron ayuda a un soldado, que se encargó de todo. Tras enterrarlo, se reunieron en el interior con Alaron. Allí Nimloth fue otorgado con el derecho de llevar el tabardo, había hecho un buen trabajo, según el Alto Campeón, aunque Nimloth esperaba poder demostrar todo su potencial y que se viese de verdad para lo que valía. Tras esto, emprendió el camino de vuelta a la Orden. Allí la Maestra de Armas Ileda le otorgó con el tabardo. Lo había conseguido. Ahora debía hablar con Lorathiol, debía contarle todo lo ocurrido. Para ello fue a la caída de la noche a la Posada y allí con un poco de suerte lo encontró. Estuvieron hablando durante un buen rato y Nimloth le comunicó todo lo ocurrido. Tras hablar durante un rato de sus cosas, Lorathiol decidió retirarse a descansar. Nimloth hizo lo propio y se fue a su posada.
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