Nimloth ya llevaba una semana en el Muelle Pantoque, allí las cosas se habían vuelto más tranquilas, cada día que pasaba lo alejaba del recuerdo de su pasado. Aquello estaba comenzando a cambiarle, atrás quedaron los días en los que vagaba pensativo mientras el peso de la culpa le castigaba el alma, sus días de fracasos y desdichas en Quel’thalas había pasado a formar parte del pretérito de Nimloth. El antiguo Nimloth que vivía lastimado por sus hechos había comenzado a desaparecer, ahora era un Nimloth que disfrutaba de su vida siempre sirviendo a quien necesitase ayuda. Había comprendido que en el camino de proteger a los suyos de las sombras que se ciernen sobre el mundo, había hueco para disfrutar de lo que la Luz iluminaba todas las mañanas. Ahora había comenzado a acercarse a su yo más interno y a entrar en armonía con las cosas. Aunque la idea de que en Muelle Pantoque él no encajaba seguía en su mente. Su cuerpo comenzaba a prepararse para la venida de la Luz, quién sabe si algún día tras su vuelta a Lunargenta fuese bendecido por el don de volver a portarla. Durante esa semana que llevaba en Muelle Pantoque, no había parado de entrenar, meditar y leer. Había dado todo lo que tenía para seguir prosperando y no dejar que las desdichas que en su pasado habían levantado brechas de enorme calibre siguieran corrompiéndole por dentro. Por fin miraba hacia delante. Había comenzado a ver las cosas buenas de la vida, lo iluminado de esta. Pero todo iba a ser tranquilidad también habría espacio para volar y para luchar por sus ideales.
La tarde siguiente al vencimiento de los siete primeros días de Nimloth en Muelle Pantoque fue un tanto especial, se encontraba oteando el horizonte desde la terraza de la posada mientras tarareaba una vieja canción que su madre solía cantarle para que se durmiera, miraba la placida bahía, la mar estaba tranquila y las gaviotas sobrevolaban la costa en busca de algún molusco que llevarse a la boca. Todo estaba en calma. Parecía un buen día para pasear por las calles de Muelle Pantoque. Nimloth bajó al piso inferior y se dirigió a la calle. Al salir fuera y bajar las escaleras, se percató de que Nytz estaba allí, pero no estaba sola, había una goblin que no había visto nunca con ella. Nimloth se acercó a saludar y comenzó a charlar con las goblins, al parecer, una de ellas había perdido a un tal Señor Nitrotolueno, mientras que la otra a su robot K-DOS. La cosa le resultaba rara a Nimloth que mientras hablaba con las goblins, una le había confundido con un Troll. Era una situación muy extraña para Nimloth, de la que debería salir mediante la palabra. Tras hablar con ambas, Nytz tuvo que irse, y se ofreció a ayudar a la otra goblin. Ambos se pusieron manos a la obra y comenzaron a buscar al Señor Nitrotolueno que se había perdido. Comenzaron mirando por una cuesta que daba al exterior de una casa. Allí, Nimloth rebuscó entre unos matorrales y encontró una barra roja de gran tamaño, al parecer dinamita, avisó a la Goblin y esta lo reconoció como el Señor Nitrotolueno, tras eso prendió la mecha y ambos salieron corriendo. A los pocos segundos explotó haciendo caer a Nimloth por la onda expansiva y produciendo un herido, un orco que pasaba por la zona fue estampado contra la pared. Nimloth tornó su rostro serio y le explicó a Kala, que así se llamaba la goblin, que lo que había hecho era una irresponsabilidad de la cual debía acatar las consecuencias. Para ello, Nimloth la obligó a acompañarla al Alto Mando, allí donde residía la sede del Batallón Pantoque.
Tras callejear por todo Muelle Pantoque, Llegaron al fin al Alto Mando, allí estaba el Teniente Ganyx, a quién Nimloth le explicó lo ocurrido y enseguida puso solución al asunto. Al parecer, obligó a la Goblin a unirse al batallón. Nimloth no veía coherencia a lo ocurrido, en Lunargenta eso suponía la mazmorra o quién sabe si algo mucho peor. Era realmente extraño. No lograba entender a los goblins aunque le parecían majos, sobre todo cuando no le confundían con otra raza. Que en su caso era la mayoría del tiempo. Volviendo al asunto en cuestión, el Teniente Ganyx también tenía que decirle algo, pero antes le preguntó lo siguiente: ¿Sabes montar? Nimloth asintió pero hizo una matización a la pregunta. No sabía volar. El Teniente le comentó que dado su condición tendría que volar bastante y que para ello desde Orgrimmar le habían encomendado la misión de aprender a manos de Kelgan, un reclutador de Brutos de Orgrimmar. Nimloth asintió y enseguida se puso en marcha para ir a Orgrimmar. Subió en el barco y esperó a que este pusiese rumbo a la ciudad orca. Al poco tiempo el barco zarpó y su travesía hacia Orgrimmar comenzó.
Al cabo de unas horas llegó a Orgrimmar y rápidamente fue en busca de Kelgan, supuso que si iba a enseñarle a montar, debería estar en las cercanías de la torre de zepelines, en aquel lugar donde los jinetes criaban a las mantícoras. Así pues, Nimloth puso rumbo hacia allí y tras callejear por Orgrimmar llegó, al fin aprendería a volar. Nimloth se acercó y preguntó por Kelgan. Un orco le dijo que era un viejo que estaba por allí al cuidado de una mantícora. Nimloth se aproximo y se presentó como el mandado desde Muelle Pantoque. Kelgan le acogió y comenzó a explicarle las nociones básicas sobre montar. Le explicó que debían andar con ojo con el comportamiento del animal, además de revisar todo lo concerniente a las riendas, la silla, etc. Una vez visto todo de manera lógica, Kelgan se montó en su dracoleón y Nimloth hizo lo propio en un dracohalcón que el maestro Pyreanor le había concedido. Tras eso comenzó la larga travesía por Durotar.
Comenzaron arrojándose al vacío, Nimloth agarró con fuerza las riendas, seguro de sí mismo y confiado en el dracohalcón se arrojó al vacío. La adrenalina comenzó a inundar su cuerpo, sentía como el viento azotaba su cara. Debía levantar el vuelo, para ello tiró levemente de las riendas y estabilizó el vuelo. Tras conseguir estabilizar el vuelo, puso rumbo tras Kelgan y juntos salieron de Orgrimmar rumbo al sur. Aguantó como fue capaz las riendas y juntos dieron un largo paseo por la región. Kelgan le enseñó un par de trucos que quizás aprendiera con el tiempo. Nimloth se aferraba con seguridad a las riendas y conducía el dulce vuelo sobre las desérticas estepas de Durotar, al cabo de un par de horas volando se apostaron cerca del rio que separa Los Baldíos de Durotar. Allí Kelgan le explicó un par de cosas más y marchó volando. Ahora él debía volver a Muelle Pantoque, y lo haría volando. Tomó las riendas y azuzó al dracohalcón para ponerse en marcha hacia Muelle Pantoque, para ello bordearía Orgrimmar y haría la travesía sobrevolando el mar.
Aquella estampa era preciosa, podía ver los peces y las olas que mecían el mar mientras a su izquierda descansaban los acantilados cercanos a Orgrimmar y que la separaban del mar. Nimloth sobrevolaba tranquilo la zona en dirección al islote donde se encontraba Muelle Pantoque. A lo lejos comenzó a ver el brazo del sur de Aszhara Ahora debería atravesarlo por las entradas que había en los desniveles del terreno. Dirigió el dracohalcón hacia uno y se introdujo en el golfo de Aszhara. Poniendo rumbo al Muelle Pantoque, el cual ya estaba visible. Imponente a lo lejos, Nimloth llegó volando a la costa de Muelle Pantoque. Al poco tiempo de de llegar a la costa dirigió su vuelo a la parte trasera de la isla, allí aterrizó y se encontró con Nytz. Nimloth le comentó lo que era ese animal sobre el que descansaba tras haber recibido la pregunta por parte de la goblin. Tras aclarárselo fue a buscar un lugar donde dejar al dracohalcón para que descansase y pudiese cuidarlo. No le costó mucho encontrar un buen sitio a pesar de las metálicas condiciones de la isla. Tras eso dejó descansando al animal. Hoy había hecho un buen trabajo.
Nimloth puso rumbo a ver el tablón de noticias y se encontró con la goblin. Tras mirar un par de noticias comenzó a charlar con ella hasta que Kala llegó. Cuando esta llegó comenzaron a hablar los tres y estuvieron así durante un buen rato. A los pocos minutos, el Teniente Ganyx hizo su aparición y les encomendó una misión tras haber hablado Nimloth con él de su nueva condición aérea. La misión constaba de un encargo, capturar a un elfo de la noche para sustraerle información sobre los planes de los suyos. La cosa no sería muy difícil, o al menos eso esperaban. Nimloth tornó un poco más serio de lo normal, era hora de trabajar. Y se mantuvo así durante toda la misión. Rápidamente tras recibir las órdenes se pusieron en marcha. Debía tomar El Sardinero, el barco insigne del Escuadrón Kaja’mita. Para llegar a este barco debía pasarse antes por la casa de Nytz. Nimloth iba con el Halcón zancudo ya que no se le permitió ir en dracohalcón, pero un problema le surgió en el camino al barco, debía dejar el halcón porque no cabía. Ató pues al halcón y subió al barco. Nytz lo hizo arrancar y salieron hacia su destino.
Cruzaron la costa a una velocidad moderada, al poco tiempo llegaron a la costa. Allí desembarcaron y comenzaron la travesía hacia Punta Thalendis. Nimloth seguía pensando y observaba como las goblins charlaban. Poco a poco seguían avanzando hacia el lugar. Encontraron la autopista y siguieron el camino hacia el puesto de Orgrimmar. Continuaron el camino y llegaron al puesto, allí bajaron y continuaron hacia el oeste. Siguieron el camino y llegaron a la cantera. Allí les aguardaba una inesperada sorpresa. De la nada salieron un grupo de Kaldorei que les rodeo y les indujo al combate. Tras ser rodeados, Nimloth se lanzó contra el primer Kaldorei propinándole un duro estoque en el costado. El combate continuo y los lances del grupo fueron acabando con los elfos excepto con uno, aquel parecía ser el líder de la agrupación. Nytz activó a su robot comenzó a disparar contra el elfo. Tras eso el elfo golpeó con dureza a Kala. Nimloth se lanzó y le propinó un duro estoque que le dejó una fuerte huella en pecho. El elfo se lanzó contra Nimloth y pudo esquivarle, para entonces Kala lanzó una granada aturdidora y consiguió derrotarle y dejarle inconsciente. Ahora debían volver a entregar el cuerpo del Kaldorei, Nimloth cargó con él hasta la pista de cohetes, donde tras pagar el viaje, los tres “héroes” subieron a los cohetes y salieron dirección este, acercándose a la posición de su barco. Tras bajar emprendieron el camino hacia el barco, tras encontrarlo regresaron a Muelle Pantoque.
En Muelle Pantoque dieron parte a Ganyx y dieron por completada la misión. Tras es, Nimloth se fue a sobrevolar la bahía para seguir entrenando con el dracohalcón. Debía mejorar lo máximo posible.
No hay comentarios:
Publicar un comentario