Nada más llegar a Orgrimmar, Nimloth se presentó en las dependencias del Fuerte Grommash debía ir en busca del maestro Pyreanor. Había llegado al fin a la ciudad de los orcos, el calor era sofocante aun siendo de noche. La ciudad parecía un bastión inexorable desde que con la llegada de Garrosh se acomodase la ciudad a lo que de verdad significaba ser de la Horda. El cambio drástico que la ciudad había sufrido la había dejado más dura a la vista de todos. Las cosas habían cambiado desde que Garrosh fue nombrado el nuevo Jefe de Guerra. En cuanto a su población, toda raza ajena a los Orcos, es decir, todo aquel que no sea Orco no podrá vivir en las zonas céntricas de la ciudad, ya que la mentalidad de Garrosh es que el centro de la Horda es la raza Orca y que todo aquel que no lo sea es secundario, para ello se han habilitado las zonas adyacentes al centro de la ciudad para albergar a todas las demás razas que habitan la Ciudad los Orcos. Las cosas habían cambiado mucho desde que Thrall marchase. Pero eso a Nimloth ahora mismo no le resultaba tan esencial. Era un cambio y como a todos los cambios debía acostumbrarse.
Antes de entrar al gran edificio que albergaba la diplomacia de toda la Horda, Nimloth se vio “asaltado” por una pequeña goblin que transitaba la ciudad, aquella Goblin nunca había visto a un Sin’dorei y le preguntó a Nimloth que qué era. Este le respondió con simpatía y le explicó todo un poco, tras conversar un rato con ella y averiguar que se llamaba Nytz, marchó hacia su destino. Entró en la estancia mayor de Orgrimmar, el Fuerte Grommash. Allí dentro estaban los responsables de la diplomacia de la Horda, todos ellos grandes guerreros que habían demostrado su valía en las campañas de la unión. Nimloth observaba todo con cautela, sabía que su aptitud debería ser tranquila y contemplativa en todo momento. No solo entraba en la zona de mayor importancia de Orgrimmar si no que sabía que estaría frente a Garrosh Hellscream y el resto de barones de Orgrimmar, entendiendo barones como hombres de suma importancia. Estaba dentro, ya no había marcha atrás y avanzó hacia dentro, miró, con curiosidad, todo. Era una sala amplia con un grabado en el centro con el mapa de la parte conocida de Azeroth. Más adelante se encontraba el trono de Garrosh, que en ese mismo momento se encontraba ocupado por él mismo mientras mantenía una conversación con uno de los grandes hombres de la ciudad. Mas a la derecha se encontraba la embajada Sin’dorei. Un destacamento que protegían a la Embajadora y al Maestro Pyreanor desde, hace ya, muchos años. Nimloth se acercó con cautela y se presentó ante la embajada. Allí presentó la carta de recomendación que Alaron le diese antes de partir y fue recibido por el maestro Pyreanor. Este le llevó fuera de la gran sala dado que Garrosh se encontraba reunido y no querían molestar. Comenzaron a hablar, Nimloth sentía un gran respeto por su superior y escuchaba atento todo lo que este le decía. Al cabo de poco tiempo le fue comunicado cual sería su próximo destino. Debía partir a Muelle Pantoque. Iría a la tierra Goblin erigida tras la expulsión de los nagas de la zona tras el hundimiento de su anterior hogar cerca de la Vorágine. El motivo era simple, no había presencia Sin’dorei y el sería el primer diplomático en acudir a la ciudad goblin. Ahora debía marchar. El maestro Pyreanor le dijo que enviaría una carta al alto mando de Muelle Pantoque comunicándoles la llegada de Nimloth. Tras terminar la conversación, Nimloth se despidió y puso rumbo a Muelle Pantoque.
Al salir del Fuerte volvió a encontrarse con Nytz y tras saludarse, Nimloth le comentó hacia donde iba ahora. La goblin le miró con una sonrisa y juntos se fueron al muelle de Orgrimmar, desde allí cogerían el barco hacia el Muelle Pantoque. Nimloth seguía a la Goblin montado en su Halcón Zancudo, su fiel compañero que en este viaje le acompañaba como a lo largo de sus travesías desde, hace ya, bastante tiempo. Al poco tiempo llegaron ante el gran barco que los llevaría a Muelle Pantoque, allí Nimloth desmontó y, acompañado de la Goblin, subió al barco. Cuando este se llenó, zarpó rumbo a Muelle Pantoque, donde llegaría al cabo de unas horas. Ahora sí, estaba en su destino.
Al cabo de varias horas, llegó por fin a Muelle Pantoque, Nytz le enseñó un poco la ciudad y se fueron hacia la casa de Nytz donde le indicó a Nimloth que la taberna estaba subiendo la colina. Ahora debía descansar, a la mañana siguiente debía presentarse en el Alto Mando. Nimloth se despidió y marchó a descansar, había sido un día largo.
A la mañana siguiente, Nimloth se presentó en el Alto Mando de Muelle Pantoque, allí le esperaba el Teniente Ganyx, un goblin de mediana edad que estaba sentado comiendo hamburguesas. Nimloth se presentó y comenzó a charlar con él sobre su llegada. Acompañado de Nytz, el Teniente Ganyx le dijo que durante su estancia ayudaría al Escuadrón Kaja’mita del Batallón Pantoque, la fuerza militar del Muelle Pantoque. A Nimloth no le hacía demasiada ilusión pero sería un placer ayudar a esos pequeños humanoides verdes. Al fin y al cabo no creía que su estancia allí perdurase mucho tiempo. Pero eso no era todo, Nytz, la goblin que estaba con Nimloth, quiso intentar convertirle en su ayudante, a lo que Nimloth le respondió que para eso debía vencerle en un duelo. Al fin y al cabo si quería mandar sobre él debería demostrarle que podría hacerlo. La goblin declinó la oferta de Nimloth y dejó las cosas pasar. Tras reunirse con Ganyx, Nimloth comenzó a hacer turismo por la ciudad, dándose paseos por las zonas menos conflictivas de estas. La arquitectura era un tanto rara y no estaba acostumbrado, pero no tenía su gustillo. Así fue como las cosas comenzaron en Muelle Pantoque para Nimloth. Ahora, mientras el paseaba por la ciudad, su destino comenzaba a ligarse a la ciudad. Era el comienzo de sus aventuras con los goblins.
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